Cuando eres un amante del cine marcial y llevas prácticamente toda la vida viéndolo y posteriormente escribiendo sobre el tema, echas la vista atrás a todas esas miles y miles de horas de películas repletas de puñetazos, patadas, armas y técnicas voladoras, surge la necesidad de poner todo en orden. De comparar las diferentes cinematografías, identificar los puntos clave que definen los diferentes estilos de cine y establecer una línea temporal donde ordenas la propia historia de este tipo de cine, extrapolable a cualquier género o país.

Cada cierto tiempo, viene muy bien ponerte delante de una hoja en blanco para terminar de organizar las ideas y poder ofrecer una breve historia sobre el origen y evolución del cine marcial. Aunque solo sea para que uno mismo, como experto en el tema, pueda reubicarse y consolidar su posición. En este artículo me he centrado en las películas a partir de los años 60 dado que el éxito internacional se produjo más o menos en dicha década, convirtiendo multitud de títulos en auténticos clásicos.

No obstante, no puedo dejar de mencionar grandes clásicos del cine de artes marciales, como The Burning of the Red Lotus Monastery, una saga perdida de 16 entregas que adaptaba la novela The Tale of the Extraordinary Swordsman entre los años 1928 y 1931, producidas en Shanghai y que fueron toda una sensación en aquellos años. Siguieron numerosas películas en el que podemos considerar el primer boom del cine marcial, pero, como digo, el impacto internacional se produciría en décadas posteriores. Por otro lado, muchas películas de 1910 a 1950 son extremadamente difíciles de conseguir o directamente han desaparecido.

Póster de la película de 1958, Wong Fei-Hung's Battle with the Five Tigers in the Boxing Ring

El origen del cine de artes marciales

El cine de artes marciales tiene muchísimas ramificaciones, tanto por los distintos países involucrados como por las diferentes artes marciales existentes y la concepción de las mismas. Pero al margen de esto, existe un nexo entre las diferentes cinematografías: el papel de las artes marciales en el teatro, como la Ópera China o el Kabuki, Nôh o Bunraku japoneses.

En gran parte de Asia, las artes marciales siempre han tenido su reflejo en la literatura y en las representaciones teatrales, con épicas historias de guerreros e incluso con elementos fantásticos. Era natural que tras el nacimiento del cine, dichas representaciones teatrales así como poemas, relatos y demás obras, terminasen teniendo su versión cinematográfica.

De esta forma se puede establecer que origen del cine marcial, independientemente del país, en los sucesos reales o ficticios que se narraban de forma oral o escrita en obras anteriores, destacando las que se elaboraron para teatro, ya fueran originales o adaptaciones.

Estas obras de éxito se terminarían trasladando al cine, bien grabando las propias obras, bien adaptándolas de una forma más cinematográfica, tanto en lo que ahora llamaríamos cortometrajes, como largometrajes, inicialmente mudos y posteriormente con sonido. Las obras de teatro grabadas daban paso a adaptaciones donde la técnica cinematográfica comenzaba a desarrollarse. Muchos de los actores teatrales de la época se fueron transformando en actores de cine, interpretando cortos y largos.

Tenemos ejemplos en Japón con los trabajos de uno de los pioneros, Shôzô Makino, que debutaba con un corto, Honnô-ji Gassen (1908), o Battle at Honnô Temple, considerado la primera película dramática y rodada en el templo Shinnyo-Do, o con su díptico sobre el suceso histórico de los 47 ronin, Chûshingura, de 1910 y 1912 y que tendría multitud de futuras adaptaciones en todos los formatos habidos y por haber.

En China ocurrió algo similar con la literatura marcial, tanto con el wuxia (equivalente a la literatura de caballería occidental), el xianxia (igual que el wuxia, pero con héroes inmortales) o el xuanhuan (con mayor grado aún de fantasía), tres géneros que pasaban de los libros al teatro. Ni que decir tiene que esas primeras películas mudas bebían tanto del teatro que sus movimientos carecían de la fluidez a la que estamos acostumbrados. Títulos como Red Heroine (1929) llevaban estos géneros al cine, aunque su boom llegaría años después con clásicos como A Touch of Zen (1971) o Buddha’s Palm (1982).

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Red Heroine (1929) bien podría considerarse como la primera película protagonizada por una súper heroína.

Otros países tardarían unos cuantos años más en ofrecer este tipo de películas, habitualmente copiando o inspirándose en las cinematografías china y japonesa que fueron las impulsoras del cine de artes marciales. Por citar un par de ejemplos, Indonesia cuenta con muestras del género en los años 30 basadas en la mitología y las artes marciales chinas o Tailandia, cuyas películas comenzaron a aparecer en los años 50, con estrellas como Mitr Chaibancha. Una característica notoria del cine de artes marciales de aquella época, fue la popularidad de los personajes femeninos, existiendo múltiples filmes protagonizados por mujeres guerreras.

La gran diferencia entre los dos principales promotores iniciales del cine de artes marciales es que, mientras que en Japón no era necesario saber manejar la katana o tener conocimientos para representar cualquier papel, mientras que, en China, las escuelas de Ópera enseñaban diversos estilos de artes marciales, manejo de armas, acrobacias, canto y baile. Esta diferencia es fundamental para el desarrollo de este tipo de cine, estando enraizado en las culturas de ambos países, por lo que las diferencias a nivel visual y rítmicas ya eran palpables.

Podríamos decir que en Japón eran más falsas, mientras que, en China, a pesar de mantener ese toque irreal respecto a las auténticas artes marciales, resultaban más dinámicas. El éxito de este tipo de producciones, que mezclaban las secuencias de acción con historias cargadas de dramatismo, amor y humor, ayudaron a que cada vez se produjesen más películas con samuráis o expertos en Kung Fu.

En el caso de China y su área de influencia cultural, destacando Hong Kong, fue un paso decisivo en la evolución de las mencionadas escuelas de Ópera. Cuando empezó a decaer la popularidad de las compañías teatrales chinas, muchísimos actores, que ya habían participado en multitud de obras, terminarían por reconducir sus carreras hacia el cine. Esto llevó al desarrollo de un nuevo negocio y una formación específica orientada al cine, cubriendo roles como especialistas, coordinadores, coreógrafos o directores de acción.

En Japón la cosa fue diferente. El cine marcial nipón ha ofrecido buenos productos de género, pero el clasicismo de sus directores ha pesado más que el espectáculo marcial en décadas como los años 50, 60 o 70. Durante estos años se alternaron filmes puramente de entretenimiento lleno de samuráis y ninjas, con ese cine de autor que nos ha dado maravillosas películas firmadas por genios del celuloide como Akira Kurosawa o Hiroshi Inagaki.

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Los Siete Samurai (1954) de Kurosawa es uno de los grandes clásicos del cine de artes marciales... y yo diría que del cine en general.

El tono austero y reposado habitual del cine japonés propiciaba un tipo de historias y de narración muy diferentes al de sus vecinos chinos. El tono teatral característico de este tipo de cine comienza a evolucionar a partir de los años 60, estilizando los combates y abandonando poco a poco se aspecto teatral. La espectacularidad del Bushido ha sido, por regla general, menor que la del cine inspirado por el Kung Fu. Podríamos decir que su evolución ha costado más, pero manteniendo ese toque tan personal.

Las primeras películas de artes marciales en occidente

En occidente, el cine marcial es más fácil de rastrear, teniendo como ejemplo las primeras apariciones de ninjas en Sólo se vive dos veces (1967), de James Bond, seguida de Los Aristócratas del Crimen (1975), donde podíamos ver artes marciales rudimentarias, más cercanas a veces al cine de Oeste que al propiamente marcial. Según algunas fuentes, podemos incluso ver algo anterior, en 1955, en el thriller Conspiración de Silencio, con Spencer Tracy realizando unas buenas peleas que incluyeron cuchillos, pero el órgano censor The Production Code Administration se opuso al uso de artes marciales por parte del protagonista debido a que consideraban al Karate, Judo y demás peleas poco heroicas. Por suerte, al tener el protagonista sólo un brazo, en un extraño giro de acontecimientos, a los censores les terminó pareciendo justificado que el actor empleara las artes marciales debido a su discapacidad.

Este hecho nos da una idea de lo que costaba que las artes marciales entrasen en occidente, sobre todo en Estados Unidos. La Segunda Guerra Mundial y el sentimiento antijaponés permanecería durante muchos años y tenemos el claro ejemplo de Bruce Lee. A Bruce se le impidió protagonizar la serie Kung Fu (1972-1975), sin tener en cuenta su carrera en el cine de artes marciales hongkonés o de haber interpretado a Kato en El Avispón Verde y en tres episodios de la serie de Batman (1966-1967), entre otras apariciones destacables.

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El cine de Kung Fu sesentero y setentero influyó a otras cinematografías como la filipina, indonesia o tailandesa, añadiendo títulos y estrellas al género, pero copiando al cine hongkonés. Esto provocaría que, en aquellas décadas, saliendo de China, Japón y Estados Unidos, el cine marcial se limitase a repetir e incluso a exagerar aquellas cinematografías. Por ejemplo, en Tailandia e Indonesia, era frecuente que mezclaran sus artes marciales autóctonas con historias similares a las chinas y hongkonesas, aunque en el caso de Indonesia sería más cerca de los ochenta mientras que en Ta que de los setenta.

El cine de artes marciales de los setenta

El cine clásico de directores como Chang Cheh o King Hu, las producciones de la Shaw Brothers, en definitiva, habían mantenido ese toque teatral de la Ópera China, haciendo que el cine marcial hongkonés brillase en aquellos años 60, mientras Bruce buscaba su camino en Estados Unidos. El uso de cables y la exageración se unía a los movimientos sumamente técnicos que recordaban la puesta en escena teatral, pero como todo género o subgénero, el agotamiento puede hacer mella en él, por lo que cuando apareció Bruce Lee en 1971 con Karate a Muerte en Bangkok, con ese estilo tan directo, sin saltos imposibles y siendo tan expeditivo, consiguió volver a encauzar al cine marcial, cambiando conceptos para ofrecer algo diferente.

No obstante podemos ver muestras marciales previas a Bruce que incluían estrellas como Nora Miao, partenaire de Bruce es casi todas su películas que antes de comenzar su colaboración había protagonizado películas como experta heroína, recogiendo el testigo de otras compañeras como Cheng Pei-Pei, a la vez que Angela Mao se convertía en la nueva representante femenina del género, equiparada al Pequeño Dragón en clásicos como Hapkido (1972).

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Bruce Lee, Chuck Norris y Bob Wall acompañando a Angela Mao durante el rodaje de Hapkido(1972)

En 1972 con el estreno en Estados Unidos de De profesión – Invencible, con Lo Lieh como protagonista, se obtuvo un éxito inesperado y ayudando a que entrase el Kung Fu en occidente, siendo eclipsado por Operación Dragón en 1973. El impacto de Bruce Lee supuso un antes y un después incluso en China.

Con el éxito internacional de Bruce Lee y su prematura muerte, el cine marcial comenzó a inundarse de clones, creando el subgénero de la Bruceploitation y buscando tanto copiar descaradamente al Pequeño Dragón engañando al espectador, como un reemplazo. Bruce Li, Bruce Le, Dragon Lee, Bronson Lee, Bruce Leung y similares. Nombres que sonaban algo a Bruce Lee, y que protagonizaban películas donde los términos “Dragon”, “Enter”, “Game” o “Death”, se combinaban de formas imposibles.

Estos clones imitaban hasta la parodia al astro fallecido, portaban chandals amarillos con rayas negras, nunchakus, o arañazos estratégicamente colocados para recordar y explotar la imagen del mayor icono del cine marcial de la historia. Su estilo de lucha era copiado hasta la saciedad, manteniendo a duras penas ese cambio en el género. A pesar de ello, las grandes productoras siguieron ofreciendo la vertiente más clásica del cine de artes marciales, logrando que la industria se mantuviese a flote, pero, al menos en China y Hong Kong, el filón daba claras muestras de agotamiento.

En Japón y Estados Unidos el impacto de Bruce provocó igualmente clones, destacando el maestro de Karate Goju Ryu, Tadashi Yamashita (rebautizado por avispados distribuidores como Bronson Lee, uniendo la explotación de Bruce con la de Charles Bronson) o el propio Sonny Chiba, quienes tuviesen que pasar por esa odiosa comparación, o la forma de vender, en el caso del segundo, como la respuesta japonesa al Pequeño Dragón.

En los Estados Unidos, Jim Kelly, tras su debut en Operación Dragón, ostentó el título de reemplazo afro de Bruce. Curiosamente, el cine de Kung Fu se popularizó en sesiones dobles con el cine de Blaxploitation, por lo que la comunidad negra ayudó a que el cine marcial tuviese un impacto a nivel social, uniendo así los dos tipos de cine para ofrecernos ese Blaxploitation Marcial con Kelly, Ron Van Cliff, Carl Scott, Gloria Hendry, James Iglehart, Rudy Ray Moore, Jim Brown o Fred Williamson.

Los cables y el Kung Fu volador se unía a las peleas más contundentes en una época convulsa, y en 1978 se impulsó un nuevo cine marcial desde Hong Kong, haciendo que se repitiese el liderazgo en lo que respecta a la producción de cine de artes marciales de la ahora ex-colonia británica. La aparición de Jackie Chan en el díptico con la productora Seasonal La Serpiente a la Sombra del Águila y El Mono Borracho en el Ojo del Tigre, cambiaron el rumbo del cine de artes marciales, añadiendo humor a la excelencia técnica de estas dos películas.

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Jackie Chan. El mono borracho en el ojo del tigre (1978).

Aunque ya existía el humor en el cine de Kung Fu, se dio una conjunción de elementos que catapultaron a Jackie y a Yuen Woo Ping al estrellato, y, claro, se multiplicarían las comedias clásicas repletas de peleas, al estilo de los años sesenta, pero con un toque más moderno y con un uso menor de cables y fantasía.

En occidente, exceptuando Estados Unidos, las muestras de cine marcial eran más bien escasas, con alguna aparición puntual de actores chinos en alguna que otra producción. Entre estos cabe mencionar el spaguetti western El Karate, el Colt y el Impostor (1974), con Lo Lieh, o las coproducciones de la Shaw Brothers con la Hammer británica, como Kung Fu contra los Siete Vampiros de Oro (1974), con David Chiang.

Mientras que los filmes que acabo de mencionar mantenían ese toque chino pre-Bruce Lee, en Estados Unidos, ya teníamos alguna película con Chuck Norris como protagonista. Su actuación con Bruce Lee en El Furor del Dragón (1972) le consiguió el papel de villano en El Tigre de San Francisco (1974), pero se trataba de un intento de lanzamiento de una nueva estrella china, Don Wong, que no tuvo éxito. Chuck comenzaría su carrera protagonista en 1977 con El Poder de la Fuerza, logrando dar pasos en cada nueva película en aquel final de década para establecerse como la gran estrella marcial de la época, colocando su nombre junto a los otros grandes action héroes de la época: Stallone y Schwarzenegger.

Jackie Chan y la Golden Harvest comenzarían los ochenta reinando en Hong Kong, con la explosión abrumadora y maravillosa de cine marcial y de acción, dejando atrás el cine más clásico y ambientando casi todo su cine en la época actual. Las escenas de acción arriesgadas y brutales, las coreografías rápidas y dolorosas, convertían a Hong Kong en el epicentro del mejor cine de acción y marcial del mundo, pero en Estados Unidos, Norris sería quien llevaría la batuta.

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Chuck Norris en la película "El poder de la fuerza" (1977) con esos maravillosos vaqueros acampanados que podían estirarse sin miedo a frenar las patadas.

También resulta destacable el gran éxito local que tuvo durante los años 70 el cine de artes marciales tailandés, liderado por Panna Rithikrai, quien dirigiría y protagonizaría multitud de películas. El cine de artes marciales tailandés seguía estando fuertemente inspirado en el hongkonés, pero ayudó a impulsar el cine marcial en el país que en el nuevo milenio lanzaría con gran éxito en el mercado internacional Ong Bak (2003).

Acción expeditiva, tiroteos, explosiones y patadas giratorias eran la mejor muestra del género en la Meca del Cine, con una era dorada muy diferente a la de Hong Kong. Dos vertientes muy diferentes que convivieron durante los años ochenta, y que unidas conformaron una década maravillosa para el aficionado, pudiendo disfrutar de dos formas diferentes de hacer cine marcial y de acción igualmente disfrutables. Por si fuera poco, a finales de esta década comenzó a forjarse el boom ninja que explotaría en los ochenta.

El cine de artes marciales de los ochenta

En 1980, el propio Chuck Norris estrenaba Duelo Final, donde interpretaba a un ninja occidental que debía enfrentarse a su hermanastro, dedicado a entrenar terroristas con el método ninja. Tuvo tanto éxito que llego a presentarse en el prestigioso festival de Cannes, pero sería 1981 el año donde comenzó el boom ninja en el cine de artes marciales con el filme La Justicia del Ninja, con Franco Nero como protagonista y Sho Kosugi como villano. Esta película también lanzó a la fama al actor japonés, que nos regalaría dos entregas más en lo que se considera la Trilogía Ninja de la Cannon junto a La Venganza del Ninja (1983) y Ninja III: La Dominación (1984).

La popularización de los ninjas provocaría miles de copias y multitud de engaños en los videoclubs, añadiendo fotos de Kosugi, o imágenes de ninjas en películas donde no salía un solo shinobi. Las técnicas ninjas, sus artilugios, llenarían películas y películas, y llegarían películas como El Guerrero Americano (1985) y todas sus continuaciones, o las películas de la IFD y la Filmark, con sus ninjas de colores, insertados en el metraje de otras películas ajenas a esta revolución ninja.

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Póster de la película "El guerrero americano" (American Ninja - 1985)

Mientras tanto, Jackie Chan y el cine de Hong Kong traspasaba fronteras, con los intentos del Torbellino de Hong Kong por triunfar en Estados Unidos con La Furia de Chicago (1980), las dos entregas de Los Locos de Cannonball, en 1981 y 1984, y El Protector (1985), sin éxito, pero consiguiendo dominar en el género, en la Meca del Cine, Norris, Kosugi, el cine de ninjas y alguna que otra película como El Último Dragón (1985).

La mayor parte de la evolución del género se debe sobre todo a los estilos que los actores usaban, separando las vertientes asiáticas y occidentales La unión de ambas, que sería el caldo de cultivo de la mayor estrella noventera que tuvimos en el cine de artes marciales, Jean Claude Van Damme.

Retroceder Nunca, Rendirse Jamás (1985), fue una incursión de la misma productora que lanzó en 1978 a Jackie Chan, la Seasonal, que pretendía llevar a Estados Unidos el estilo hongkonés. El belga no fue el protagonista, pero desarrolló un papel icónico como Iván “El Ruso”, dentro de las filas de los villanos del film. A pesar de contar con Corey Yuen como coreógrafo, no está demasiado centrada en Kung Fu, pero sí tiene técnicas encadenadas y rápidas. Durante estos años la Seasonal fue empalmando películas con reparto norteamericano con continuaciones espirituales de esta película, que también se considera parte de la Bruceploitation por la aparición del espíritu de Bruce Lee para ayudar al protagonista.

En 1984 surge la saga Karate Kid, que terminaría convirtiéndose en cuatro películas y la actual serie Cobra Kai. Los conceptos de la mítica película del Maestro Miyagi, provocarían otra vertiente de explotación que conviviría con la de los ninjas o la de Norris, inundando las estanterías de los videoclubs donde místicos maestros enseñarían a desvalidos protagonistas a defenderse. Tenemos el claro ejemplo de Karate Kimura, una longeva serie italiana casposa a más no poder y donde parece que la idea principal de los productores era encontrar a gente ajena a las artes marciales para, quizás, buscar cierto realismo, algo que se aleja de lo que los amantes del cine marcial queremos. A la entusiasmada generación que disfrutamos de las películas durante aquellos años, la verdad es que nos daba bastante igual; otra cosa sería cuando, al cumplir años, nos dimos cuenta que de Karate, más bien poco.

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El místico maestro Miyagi adiestrando al joven desvalido Daniel LaRusso

Van Damme comenzaría en 1988 su meteórica carrera con Contacto Sangriento, coincidiendo con la aparición de Steven Seagal en Por encima de la ley. El Karate y el Aikido comenzarían a dominar en el género con los estilos inconfundibles de las dos estrellas. Era algo que se necesitaba ya que Norris, aunque seguía usando artes marciales, las unía con la acción balística.

Aunque realmente había estudidado Karate, Van Damme popularizaría el Kickboxing gracias a la película Kickboxer (1989), creando una nueva explotación de dicha disciplina y fomentando la aparición de copias de todas las calidades de sus películas, así como de nuevas estrellas en la serie B. Gente como Daniel Bernhardt, Jeff Wincott, Cynthia Rothrock o Gary Daniels lograrían lanzar sus carreras en los directos a vídeo, mientras Seagal y Van Damme reinaban en los cines con sus característicos estilos.

De esta forma se fue preparando el terreno para la llegada, a finales de la década, de las futuras estrellas noventeras, con un cambio más que evidente en el cine marcial al ofrecer diferentes estilos de lucha, y no siempre siguiendo la estela de Van Damme, copiado y explotado hasta la saciedad en continuaciones de Contacto Sangriento (1988), con Bernhardt a la cabeza, o con el Kickboxing de fondo.

El cine de artes marciales de los noventa

La musculación de los action héroes ochenteros, junto a la plasticidad y elasticidad de Van Damme y un Seagal que se dedicaba a partir extremidades a diestro y siniestro convulsionaron el género. Norris, mientras tanto, comenzaba a decaer en los noventa, pero manteniéndose fiel a su estilo con películas como Delta Force 2 (1990), Hitman (1991) o Juntos para Vencer (1992), que además tenía un tufillo a Karate Kid tremendo.

Chuck Norris terminaría con directos a vídeo y en televisión con la serie Walker, Texas Ranger (1993-2001) y varios telefilmes e intentos de nuevas sagas demasiado modestas para alguien como él. Pero el público mandaba y se necesitaba modernizar este tipo de cine, por lo que mientras la estrella de Norris se apagaba, las de Van Damme y Seagal brillaban cada vez más. En los años 90 Van Damme protagonizó la friolera de 18 películas, mientras que Seagal lo hizo en la también impresionante cantidad de 12.

Aprovechando el tirón que en los 90 despertaron los videojuegos de lucha, Van Damme protagonizaría una de sus películas más polémicas Street Fighter: La última batalla (1994), una película que fue un auténtico caos y que pilló al actor en uno de sus peores momentos vitales. Mortal Kombat llegó un año más tarde, otra de las grandes sagas que pasó del videojuego a la gran pantalla.

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Lo cierto es que superada la mitad de la decada, las carreras tanto de Seagal como Van Damme pasaron por momentos complicados y el cine marcial empezó a decaer en favor del de acción más pura… hasta que Jackie Chan acudió a su rescate. Bueno, Jackie y que, en 1997, Hong Kong pasó de manos británicas a chinas, por lo que ante la incertidumbre, muchos actores y directores decidieron probar suerte en Estados Unidos. Profesionales como John Woo, Tsui Hark o Ringo Lam, quienes dirigirían al propio Van Damme en diversas películas, no con el éxito esperado. El estreno de Duro de Matar en 1996, lanzaría, por fin, a Jackie al estrellato internacional, y con él, el Kung Fu volvió a dominar el género.

Jackie, Jet Li y Yuen Woo Ping terminarían protagonizando o coreografiando películas de éxito, llenando Hollywood de cables y Kung Fu, con Matrix (1999), Tigre y Dragón (2000) o las películas de Zhang Yimou estrenándose con éxito por todo el mundo. Van Damme y Seagal irían desapareciendo de la cartelera en favor del vídeo. El éxito de las nuevas películas de Jackie, hizo que algunos de sus trabajos anteriores volvieran a estrenarse en cines con remontajes y cambios en la banda sonora.

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Por otro lado, los noventa también serían los años donde Stephen Chow creó un gran impacto uniendo la comedia cantonesa denominada moi-le-tau con las artes marciales en películas como Fist of Fury 1991 (1991) o la saga Fight Back to School, convirtiéndose en una de las estrellas hongkonesas con mayor proyección.

El cine de artes marciales del nuevo milenio

Según los noventa iban acabando y la calidad de las pelis de Jackie y Jet en Estados Unidos fue cayendo, hasta el punto de volverse a su país natal. El nuevo milenio, de nuevo mezclaría el éxito mundial del cine asiático con nuevas propuestas occidentales. En el año 2003 llegaría Tony Jaa y su Ong Bak, lanzando al cine tailandés del éxito local al internacional. Stephen Chow continuaría con su éxito internacional gracias a Shaolin Soccer (2001) y Kung Fusión (2004).

Jackie empezó a encadenar rodajes chinos y esporádicamente alguno norteamericano, sin la misma potencia que antes. Ja mantenía esas acrobacias imposibles, y stunts dolorosos pero su estrella no se mantendría demasiado, terminando por abandonar Tailandia debido a diversos problemas (personales y por el cierre del departamento de acción de la productora Sahamongkol Films) y haciendo sus pinitos en Hollywood y en el cine hongkonés con personajes secundarios.

En el nuevo milenio también arrancó la saga de películas basadas en la vida del maestro Ip Man, quién enseñó Wing Chun al mismísimo Bruce Lee, protagonizadas por Donnie Yen. La primera película Ip Man fué lanzada en 2008, a esta le siguieron dos secuelas: Ip Man 2 (2010), Ip Man 3 (2015), la spin-off Master Z: Ip Man Legacy (2018) y finalmente (al menos de momento) Ip Man 4: The Finale (2019).

En 2006, llegaría Scott Adkins y Michael Jai White con Invicto 2, cambiando, y mucho, lo que Occidente ofrecía. Las XMA y las MMA comenzarían su periplo en la serie B, apareciendo numerosas películas ambientadas en el mundo de las artes marciales mixtas. La saga con Boyka daría otras dos secuelas y un proyecto, algo abandonado, de serie de televisión (que espero que se reactive en algún momento) En 2011, el drama con las MMA de fondo, Warrior, con nominaciones a los Oscar (mejor actor de reparto para Nick Nolte) incluso popularizarían aún más este sistema deportivo.

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El tema de los premios es merecedor de un próximo artículo, pero existen películas de artes marciales premiadas en reconocidos festivales internacionales, como la anteriormente mencionada Tigre y Dragón (con cuatro premios Oscar), el cine de samuráis de Kurosawa o A Touch of Zen, que conseguía en Cannes el denominado Gran Premio Técnico en 1975.

Pero no todo iba a ser MMA, ya que ese mismo año, 2011, llegaría Iko Uwais y Redada Asesina (The Raid), convulsionando de nuevo el cine marcial con el Pencak Silat. De esta forma, Adkins y Uwais se han convertido en las mayores estrellas, aunque en el caso del indonesio, dado que allí tampoco es que produzcan demasiado cine marcial, ha terminado también en Estados Unidos participando como secundario en películas como Milla 22 (2018) o en series como Wu Assassins (2019), mientras que el británico encadena papeles de relleno en superproducciones o se mantiene como líder indiscutible de la serie B occidental.

Desafortunadamente, los productores no están apostando ahora mismo por el cine marcial, llegándonos con cuentagotas este tipo de películas. Por ello, en esta época de decadencia, tenemos dos opciones, o bien ver películas de artes marciales en plataformas chinas como iQiyi (disponible en muchos países y con subtítulos en castellano, entre otros idiomas) para descubrir nuevas estrellas del cine de Kung Fu, o esperar a las escasas muestras occidentales.

Este año 2021 ha abierto una puerta a la esperanza, con producciones de impacto: Mortal Kombat, Snake Eyes: El Origen, Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos, la película de animación y homenaje al cine setentero de artes marciales, Batman: Soul of the Dragon o la española Xtremo este 2021. A estas se suman series fabulosas como Cobra Kai o Warrior, ésta última basada en los escritos de Bruce Lee que terminarían dando pie a la famosa serie Kung Fu (1972-1975).

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Estas producciones han vuelto a traer a las artes marciales a la gran y la pequeña pantalla y podría extenderse en secuelas o spin-offs. Una vez más, este éxito ha surgido de la mezcla de estilos occidentales con asiáticos y un buen toque del género “súper heroico” tan de moda los últimos años.

El futuro del cine marcial

La opinión de Iván Fernández

¿Será el 2021 un nuevo punto de inflexión? ¿Se producirán nuevas películas puras de artes marciales o será la mezcla con súper héroes una de las pocas oportunidades de volver a ver brillar este cine que amamos? Personalmente quedo a la espera de la siguiente película, modesta, de Adkins o de cualquier otro actor o actriz marcial, como Juju Chan, Amy Johnston o Sarah Chang, de los que intentan poner en marcha sus proyectos personales en busca del éxito internacional que devuelva al género su brillo.

El futuro del cine de artes marciales es incierto, pero sin duda, viendo el cuidado que las súper producciones más mainstream están poniendo en las escenas de lucha, por mucho que incluyan ayudas digitales, podemos confirmar que estamos de suerte. Producciones como la saga de John Wick, con especialistas y directores de acción dando el salto como directores: Leitch y Stahelski, Larnell Stovall, Andy Cheng, Ron Yuan, James Bandford, Sam Hargrave o J.J. Perry podrían marcar una diferencia necesaria a la hora de ofrecer y rodar de forma correcta la acción.

En este sentido se augura un buen futuro para el cine de acción que incluya artes marciales, pero no podemos decir lo mismo del puramente marcial. Parece que el cine de artes marciales como tal, seguirá teniendo su hueco en plataformas de streaming, VOD, directas a televisión, e incluso en el cine y las series de animación japonesas, pero quedando relegadas a un segundo plano incluso dentro de la serie B.

Creo que el cine marcial lo tiene difícil para volver a brillar, por mucho que algunos locos por este tipo de cine, deseemos que esto cambie. Dudo que muera, sobre todo por el éxito en países como China, aunque no nos llegue con la maquinaria publicitaria de Estados Unidos, que seguirá apareciendo en occidente con cuentagotas.

La opinión del Dr. Chou

Con anterioridad a los años 60 era muy difícil encontrarse con super héroes que supieran artes marciales, si acaso boxeo o lucha olímpica. Con el tiempo han ido evolucionando y hoy en día, raro es el super héroe que no tenga un buen repertorio marcial. Esto lo podéis ver claramente explicado en nuestros artículos “Los mejores artistas marciales de Marvel” y el de “Los mejores artistas marciales de DC”. ¿Y por qué digo esto? Pues porque a mi parecer en el cine (y en televisión) está ocurriendo algo muy similar.

Puede que ya no se haga tanto cine específico de artes marciales, pero lo que también sucede es que hoy en día es prácticamente inconcebible que en una película de acción no exista alguna coreografía de lucha en condiciones. Creo que esto contribuye a que el cine de artes marciales ya no sea tan llamativo ni despierte tanto interés.

La mayoría del público no son estudiosos del cine ni expertos en artes marciales. No sabrían diferenciar una película de acción con muchas artes marciales, de una película de artes marciales con mucha acción. Y lo más probable es que al público general le dé absolutamente igual este tipo de sutilezas, pero es que incluso para los expertos, la línea es cada vez es más difusa.

Personalmente me quedo con que las artes marciales y los deportes de combate están cada vez más presentes en todo tipo de cine y en la televisión, pueden verse coreografías de gran calidad en películas de acción, pero también en otros géneros como parte de una escena puntual. Esto es bueno para todos los artistas marciales, especialmente para los que se dedican al mundo del espectáculo. Y tal como mencionaba al principio, esta presencia cada vez más habitual de las artes marciales, también se refleja en otras producciones culturales como los cómics o los videojuegos de todos los géneros.