El escenario es un patio de colegio en el que unos niños de 7 u 8 años se están metiendo con otro chaval de su clase. No le dejan jugar con ellos, se ríen de él, le tiran cosas, le humillan e incluso le pegan. Felizmente, un día el pobre chico acosado, o que estaba sufriendo bullying, descubre que hay una escuela de artes marciales y sus padres le apuntan. Tras un par de planos donde se ve al niño entrenando y posiblemente recibe un bonito cinturón, el chaval vuelve al colegio, les da una paliza a sus malvados compañeros de clase y todo es alegría, paz y felicidad.

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Cada vez me encuentro con más anuncios promocionales de este tipo, que buscan que los chavales se apunten (o más bien que sus temerosos padres les apunten) a clases de artes marciales y deportes de contacto para que estos se puedan defender ante posibles agresiones en sus escuelas. Es lamentablemente habitual que las personas se aprovechen del miedo de otros para su enriquecimiento, pero en este caso se debe ser consciente de que están proponiendo una solución que se aleja muchísimo de la realidad, que puede ser desde inefectiva hasta contraproducente y peligrosa.

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No estoy diciendo que la práctica de artes marciales sea mala para estas edades o que no sea una buena herramienta de defensa personal contra el acoso que sufren niñas y niños, pero el enfoque que se da en este tipo de comerciales es profundamente erróneo. La práctica de artes marciales o deportes de combate, bajo la tutela de un buen profesor le será de gran ayuda para mejorar su autoestima, que será su principal arma para evitar el acoso y los abusos. La defensa de un niño de estas edades debe ser principalmente la confianza en sí mismo, junto a sus padres, los profesores y, muy importante, los compañeros de clase que estén concienciados y comprometidos contra el acoso

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Como último recurso el niño (nótese que uso el masculino genérico, pero todo lo expuesto en este artículo es válido tanto para niños como para niñas) puede llegar a usar la violencia. Será precisamente en este punto donde gracias a un correcto entrenamiento el niño podrá tratar de controlar la forma en la que ejerce esta violencia. Sin entrenamiento, su única opción será la de actuar de forma instintiva y las consecuencias resultarán más imprevisibles. Un artista marcial que aprende a golpear, hacer llaves, etc., también sabe lo que es que ejecuten estas técnicas sobre él y sabe el daño que pueden llegar a causar. Así puede ser consciente de que existen mejores formas de resolver sus problemas, que lo que aprende en clase no es un juego y que solo debe usarlo cuando realmente necesite defenderse.

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Que un niño dé una paliza a sus compañeros de clase realmente no soluciona el problema. Para empezar, dejando temas psicológicos al margen y en un sentido estrictamente práctico: la agresión se produce en un colegio, el niño tiene que volver al colegio, los abusadores también y la próxima vez pueden ir por la espalda (dentro del colegio o de camino a él) con el factor sorpresa a su favor para cobrarse venganza. El que los abusadores prueben su propia medicina puede llevarlos a una reflexión que haga que cambien de actitud o simplemente puede ser que los abusadores trasladen el abuso a otro objetivo más débil. También habría probabilidades de que el abusado se acabe convirtiendo en un abusador.

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Apuntar a tu hija o hijo a una clase de artes marciales, deporte de combate o sistema de defensa personal es un buen recurso para hacer frente al acoso escolar pero no se debe fundamentar en actuar violentamente contra sus compañeros. Tiene que ir acompañado de muchos otros recursos y, sobre todo, su entrenamiento tiene que estar orientado por un buen profesor. Si el profesor se da a conocer por una publicidad del tipo que exponía al comienzo de este artículo probablemente no sea la mejor opción. Quizás sean los abusadores los que deban asistir a una clase de artes marciales, donde aprendan cosas sobre el respeto, el honor o la humildad y lo que supone el uso de la violencia.

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Existen escuelas donde enseñan a los niños a enfrentarse a situaciones en las que la agresión proviene de un adulto o de un chaval considerablemente más mayor. Aunque he trabajado técnicas que pueden resultar efectivas ante situaciones determinadas (como el intento de secuestro), igualmente será mucho más importante lo que pueda aprender en cuanto a prevención en cuanto a las técnicas físicas. En la mayoría de los casos se verá superado por una fuerza mucho mayor, con el factor sorpresa jugando en su contra y con la conmoción que supone ser agredido por un adulto.

La práctica de artes marciales puede ser muy beneficiosa para los niños en lo referente a su defensa personal, pero también para transmitir valores fundamentales. Aunque para ello es necesario que su aprendizaje siga un enfoque adecuado y con la guía de un buen profesor... ¡y ojo, porque haber sido un buen competidor no garantiza ser también un buen profesor! Esperamos que la historia contada en este artículo a través de sus viñetas contribuya a una visión más amplia y menos comercial del papel que juegan las artes marciales en la defensa personal de los niños. Si tenéis duda o aportación que realizar, os agradecemos que nos dejéis un comentario.