Pillarte desprevenido es el recurso estrella de cualquier agresión. Facilita enormemente la labor del agresor, hasta el punto de anular tu capacidad de defenderte. Por muy en forma que estemos, por mucho que sepamos de artes marciales, combate y lucha ¿qué podemos hacer si alguien nos ataca con un arma por la espalda y sin mediar palabra mientras estamos esperando el bus?

Parece un caso extremo, pero hay muchos delincuentes que optan por anular primero a su víctima y continuar tranquilamente con su fechoría una vez que esta ya no supone ninguna amenaza . Como ejemplo, el robo por estrangulamiento o mediante el uso de drogas como la escopolamina, son agresiones que están a la orden del día.

Este es uno de los motivos por el que las medidas de prevención resultan fundamentales en defensa personal: pueden evitar que el agresor te pille con la guardia baja e incluso darle la vuelta al factor sorpresa. El agresor no suele esperar que tengas el valor o la capacidad de defenderte, seguramente esta sea una de las razones por las que te eligió como víctima.

Si estás lo suficiente alerta o si logras recomponerte, puedes conseguir que el factor sorpresa pase a estar de tu lado, dotándote de una potentísima “arma” para defenderte. En este artículo te explico las tres pautas que considero más importantes para sacar provecho al factor sorpresa en defensa personal.

Si te han sorprendido ¡recomponte!

La mayor parte de las agresiones no son tan directas como las que se plantean en la introducción, a menos que hablemos de zonas conflictivas. No todo el mundo tiene el talante de causar daños sin mediar palabra y las repercusiones legales tampoco son las mismas. Antes de llegar a la agresión física suelen emplearse amenazas y otras acciones intimidatorias.

Llegados a este punto el factor sorpresa del agresor comienza a desaparecer, siempre y cuando seas capaz de recomponerte y evaluar la situación. Si lo consigues este es el momento donde el factor sorpresa pasa de estar del lado del agresor al tuyo. El concepto es muy fácil de entender, pero lograrlo en la práctica, en una situación real, es sumamente difícil. Ser capaz de evitar el bloqueo mental en una situación de riesgo y tener las agallas para reaccionar es todo un reto. Puede que la decisión sea salir corriendo, llegar a los golpes u otro curso de acción. La pregunta es ¿podrás decidir o te quedarás bloqueado?

Aunque siempre hay personas con un don innato o que están en un momento de inspiración, lograr superar el bloqueo y hacer frente a una agresión no es algo que se pueda conseguir sin un entrenamiento específico centrado en la parte psicológica. Cuando entrenes debes prepararte para recomponerte y afrontar la situación de riesgo. Tus opciones de salir airoso aumentarán exponencialmente, tanto si decides emplear la fuerza como si no.

Con distancia y siempre en guardia pero sin que se note

Sacar distancia y mantener una guardia que te permita moverte y realizar acciones como golpear o esquivar con facilidad es esencial para tu defensa. Tendrás muchas más opciones para evitar una agresión física y para actuar en tu defensa, pero debes evitar cargarte el factor sorpresa.

Imagina que alguien te amenaza, das un salto hacia atrás y te pones en cualquier guardia típica de combate. Muy tonto tiene que ser tu agresor para no darse cuenta de que te quieres defender y que debes tener algún conocimiento de pelea. Ahora es él quién puede sorprenderte con algo que no esperabas.

Hay formas de ponerse en guardia que no dejan tan claras tus intenciones, te permiten sacar distancia de seguridad y adoptar una posición mucho más favorable si tienes que llegar a las manos. Esto también se entrena, aunque si tienes dotes para la actuación, probablemente no necesites practicar mucho.

Haz lo que te pide sin descuidar tu defensa y busca el momento para actuar

El mejor momento para actuar es aquel en el que el agresor no se espera para nada que vayas a hacerlo ¿qué mejor momento que cuando estás haciendo lo que él dice? Dos momentos propicios pueden ser cuando el agresor te pide que te muevas o cuando está recibiendo algo que te ha pedido. En las siguientes viñetas te ponemos un ejemplo donde puedes ver esta pauta junto a las dos anteriores.

Ejemplo en viñetas de cómo aprovechar el factor sorpresa para defenderte

En la primera viñeta Lyz se recompone de la agresión y evalúa la situación. Se pone en guardia evitando llamar la atención, fingiendo estar completamente indefensa. Cuando el agresor le pide que vaya con ella aprovecha el movimiento para lanzar su ataque. Ha obedecido las órdenes del agresor, pero añadiendo un maravilloso regalo sorpresa en forma de rodillazo a la cara. De esta forma ha evitado que el agresor se ponga alerta, imposibilitando su reacción.

Estas pautas de actuación son muy básicas y muy útiles para la defensa personal, independientemente de que tu defensa vaya a hacer uso de la fuerza, busques la huida o evitar que la agresión vaya a más después de haber cumplido con el deseo inicial del agresor.